miércoles, 11 de julio de 2012

Perdónenme por ser funcionaria.

Sí, lo confieso, soy funcionaria, mea culpa. Y lo soy porque nací con una tara, la vocación de servicio público, como quien nace con vocación de servir a un Dios o a una comunidad y se mete a monja. Lo siento.

No, no me metí a funcionaria porque me atrajera lo del trabajo estable, de hecho el día en que nos sentaron en un aula y nos empezaron a contar cómo iba a ser nuestra vida paso a paso hasta el día en que nos jubilásemos se me echó el mundo encima. No, no me metí a funcionaria para no dar palo al agua, si no más bien todo lo contrario, para trabajar lo máximo que pudiera para que a todos nos fuera lo mejor que nos podría ir.

Y no, no fue fácil. Yo acabé la carrera en los tiempos en los que en la privada me podría haber ido bien, pero en lugar de eso, de disfrutar mis primeros sueldos me encerré horas y horas y horas en los ratos que me dejaba libre mi trabajo de mileurista para preparar Técnico de Hacienda, Subinspección. Y lo logré.

¿Y todo esto para qué? Para acabar siendo la culpable del mal universal y el estandarte del "cómo hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Para tener un sueldo que sobrepasa lo mileurista por muy poco... sí sí, las cosas son así de bonitas cuando estás dentro. Para ser juzgada de vaga, directamente, y sin contemplaciones y para perder, en el breve lapso de tiempo que se tarda en publicar el nombramiento en el BOE, todo el compañerismo de la lucha obrera.

El gobierno socialista bajó un 5 por ciento, progresivo, el sueldo a los funcionarios. Y entendí, que para disminuir el déficit en aquellos tiempos era más rápido recortar por vía de gasto que esperar mayores ingresos por vía tributaria, pero ya en su momento se debería haber hecho, deberíamos haber cambiado el sistema impositivo...

Y aquí estamos, viendo como casi tenemos que agradecer que nos congelen el sueldo en escenarios de inflación, viendo como van a subir el IVA de los productos de primera necesidad,  y viendo como nuestra paga extra de navidad tiembla. Pero lo peor de todo, viendo como el resto de la sociedad lo aplaude, muchas veces por desconocimiento.

No es cuestión de falta de solidaridad, es que ya somos un cuerpo magullado y maltratado. Lo siento, pero en estos tiempos no me siento una privilegiada por trabajar para el sector público. La única ventaja que tiene es que trabajo en lo que creo, pero por desgracia todo lo demás va de mal en peor.

jueves, 5 de julio de 2012

26

Llevo tres días de retraso pero os debo esta entrada. El lunes se cumplió otra vuelta alrededor del sol y, por suerte, aún no me he mareado.

Lo del retraso tiene una explicación y es que quizá este sea el año de todos los que llevo con este blog que menos tenga para contar, lo más reseñable es que aquí seguimos. Y seguimos rizando el rizo, trabajando, opositando, leyendo, escribiendo, pintando... ya sabéis cómo va esto, en la línea!!

Seguiremos trabajando en ello. Muchas gracias por seguir ahí un año más :)